Calendarios, Escudos y Atalayas

Empapada de fuego,

en el misterio de los días

la casa, el parque y hasta el jardín

alumbran las flores del otoño

un podio de nubes indecisas

que no se atreven a la lluvia,

tampoco aprueban la mojadura en esta noche

de inciensos y de aureolas.

Dicen de atalayas y caminos

murmuran de amantes, escudos, calendarios

Tampoco presumen el rocío

en la estepa de tu carne,

los refugios del beso en la penumbra

y un escote en el telón de las palabras

que hablan del amor …

y… tantas cosas…

Carrozas y Semillas

Arranco de tu pecho

un crespón de vida

para observar la semilla

oculta entre los párpados

florecidas almendras de tu cuerpo,

ojos de mimbre y de silencio.

Rojo ceniza,

estela de brasa,

lento fuego

canto y sueño.

Allí te espero,

donde el aire esparce

un sonido de luz y se hace estrella..

Allí te espero,

en los montes del deseo,

en los manantiales del arroyo y sus escamas

y en los besos que aún espero.

en la ciudad vestida de arabescos,

en la copa de un bar

o en el suburbio del llanto.

Confusión

Ofrecí mis pájaros

el álbum desteñido de los días

un vendaval de escudos y planetas.

Tu voz trepando las espadas

aún lucen en mi cuarto.

Crecías

desde la incertidumbre ,

con una mueca leve y silenciosa

alejando desmesuras mal-heridas.

Yo anduve con tus ojos

por las huellas del cielo

Nada pedí,

Nada pretendo,

No hubo atajos ni cornisas.

Fue claro el rumbo y la mañana.

El tiempo acontece con su máscara

para celebrar encuentros ,telares y sonrisas.

No pretendo la rosa desteñida

ni los desvelos que cubren tu cintura,

Buscabas cobijo ,

un ala donde reposar

el agitado murmullo,

estaba a tu lado

para construir

andamios y ternuras

Páramos de fe , jardines nuevos,

No transité los zócalos

ni el suburbio fugaz

en las falsas presunciones de este juego.

Te quiero

libre

desde el puño de tus labios

hasta el gesto distante de mis venas

Sin tutelas ni cerrojos,

en tu propia geografía ,

libre de mi y los delirios que acosan las ráfagas del cielo.

sin prisa ni premuras

por no herir la luna de tu rostro.

Simplemente te quiero

No confundas.

los vuelos del amor

con las pasiones

Pupitre de Amapolas

"A Braulio el polaco"

por la memoria de tu padre(el sastre) y hermano (el gordo) anónimos héroes desaparecidos en la madrugada del 17 de mayo de 1977

Emblema del barrio, aquella infancia compartida entre baldosas, lunas nuevas, los conventillos alumbrados con el sol de la vida, los amigos y las calles solidarias que hicieron posible la poesía y el canto.

Escucho sobre mis hombros

el oropel de tus pasos,

mas allá de la quietud,

mas acá,

en la distancia.

Años fugados del camino

cuando azotan las espadas

y la muerte acechaba en la noche interminable,

De los barcos,

creció un padre desde una aguja

para enhebrar el futuro con ternura

en la peregrina nobleza de tu hermano.

Protectores de astros y universos.

Eran la luz y la sonrisa,

los pétalos del viento,

la proeza.

Te llamo “polaco” por tu viejo

y no te digo “gordo” por el hijo del sastre

que nos esperaba con sus manos serenas

en las travesuras del baldío y las fogatas.

Adoquinado surco de la calle Ecuador,

última pieza de aquel laberinto

donde tu madre

acunó la rebeldía de varones

sublevados en la audacia y el coraje.

Juntos desde la primer estrofa

cuando giraban calesitas

y el barrio era un pupitre de amapolas.

Crecimos al amparo de la lluvia

con la cicatriz del párrafo no escrito,

los besos poblados de aventuras,

el destello del sol y las mañanas.

Recorrimos los paisajes

el mundo entre los párpados

Fue

piel de luna nuestra historia,

campanas de ojos

y nostalgias,

el café , el club, los cigarrillos,

un sábado de copa enamorada.

Después

llegaron los tumultos,

escarcha de nidos y naufragios,

ausencias que nunca imaginamos

en los portones de la infancia,

cuando la vida explotaba en las caricias

despejada de esquirlas,

sin penumbras.

El tiempo,

Surco de hijos

y cosechas,

el vientre del futuro entre los grillos

que cantan en la noche de los fuegos

en la esperanza

la amistad

y la memoria

que grita

desde el hueso

Los que Claudican

a Mariana

No es ceguera mirar hacia otro lado.

No está distraído quien observa.

El que calla,

omite sin reja ni tertulia,

traidor obsecuente

con máscara y escudo

Un rastro de lluvia en la mirada,

sin luz,

sin viento

Donde hay un grito,

él no escucha

Derrota

mancillada

de tutelas y penumbras.

Los que claudican

no transcurren mi mesa,

no beben el vino del paisaje,

no vuelan con el delirio de los ángeles

ni abren las ventanas de mi cuarto.

Los que claudican

Señor

No los conozco

Eclipse de una blusa en el otoño

El deseo precede la aventura,
del viento en el cristal y las ventanas,
el ardor de un páramo
en la noche prometida

Estás en lo breve del silencio,
en la tertulia del bar en las mañanas
una tarde de intriga en “La Giralda”,

en la ausencia
sin saber que me habitabas.

te nombro desde el fondo de los siglos
con la blusa tejida del otoño
que avanza sin premura hacia tus pasos.

Ríos de la orilla

Fundaste en mí territorios de vida
Para quedarte
con los silencios de tu piel
y los ríos de la orilla.


Con el verde de las rosas
las águilas y el viento,

la luna en la mejilla
rodea tu espalda en el encaje de la noche,
el gesto de la lluvia en las baldosas

y
las arrugas del cuerpo
entre las llamas.

Acaso la duda

No digo es la duda
la aurora de los pálidos cercos
donde caen aromas de tristeza y silencios.

Tu coraje vestido
de pudor
escondido en los puentes
de mis secas caricias.

Acudo a buscarte
entre las cumbres heridas del ocaso
que azota tu rostro
y abraza la lluvia sin mojar la osadía,

deslizan tu nombre entre tantos
que en tu boca me nombran,
abren ventanas de canciones y rumbos.

No digo es la duda
quizá en la hora, la hora precisa
de algún cuento sin hadas

de estas manos insomnes
en las simples amarras del amor,
que aún espera.

"No me busques, estoy en los esplendores de tu sangre"

Estoy adherido a tu vida
en el arpón del silencio

Digo que rondan duendes
de alforjas, destellos y cegueras.

Somos la misma huella,
un solo canto

que estremece con fatigas
los vientos mal heridos

No me busques,
estoy en el mar y sus guirnaldas

juntos construimos
danzas, alamedas y deseos.

Columpiando voces
encendidas en los párpados,

Libre,
con un perfume en la cintura,
este grito enraizado
en los esplendores de la sangre
y en el regazo más puro de tu entraña.

Tu nombre canto y guitarra

Pronuncio tu nombre
entre los pétalos y el alba,
humedecida en los charcos
del canto y de las guitarras,

silencio que se hace llanto
laguna de la nostalgia
bebo la rosa, el viento
tu sonrisa en la distancia,

agua de bruma y sueño
árbol de hojas mansas
fatiga de los recuerdos
sembradura de sol que avanza

beso tus labios frescos
de fresca espuma y romanza
cuando la voz se desliza
y la noche se descalza

alumbra tu cuerpo y canta
con voz sonora y guitarras
prendida al faro del ruedo
colina de la esperanza,

acudo a tus pies y grito
con toda la luz del alma.

Preludio de una tarde

A Tedy Taratuto


Difícil transitar los días,
imaginar el tiempo sin la estampa de tus pasos

Nos conocemos
desde los árboles de la calle Valentín Gómez,
entre las bufandas y el portón de la calle
¡Cuánto alumbraba esa penumbra
en el desfiladero de las simples cosas¡

Te alejaste de esta mesa
hacia la quietud de un cielo sin retorno.

Sólo el verdor de entonces
tan distantes de las ramas y el crepúsculo
esparcen un perfume de huellas.

el mimbre de tu voz,
los fantasmas que juntos construimos
desde la impune inocencia de los años.

Estas prendido a mí en la nostalgia,
en los cerrojos de estas venas,
y la pasión que no claudica con la ausencia

Cuando un poema de luz
penetra en la alcoba
escucho el sollozo de la luna,
que se fue a morir
con vos y las estrellas.

Águilas de fuego

ÁGUILAS DE FUEGO
“El glamour de tus ojos”


a Mariana



I


Los ojos que no ven,
son los cómplices ojos del cobarde.

Los que miran
el dolor adormecido de tormentas,
las oscuras parodias de lo injusto,
te pertenecen

en su epopeya de magia y de coraje,
con el pulso entre los párpados,
los ríos de furia

y la joven osadía del futuro,

tal vez de mi tiempo
que se agita con el canto
cuando callo,

y grito con el silencio
de tus ojos.




II


Hay un gesto en la retina,
una marca de certezas.

Cuando asoma la distancia
en el cristal de los cerrojos
libre de estigmas,
de retamas
funden historias con estrofas,
un cuento de polvo cenicienta,

La justicia
se escurre
entre alondras y desvelos,
en la indolencia de mi gente

abrigan águilas voraces,
disputan los pájaros de fuego,

El rumbo de los pies sin ataduras.
habita el suburbio
de los hombres,

también en las agallas de tus ojos
aquí
en la tierra.

Honduras del olvido

Caminan por mi cuerpo
fantasmas de la noche,
dibujos de galera
espejos de nostalgia

Observo los susurros,
los bordes,
las penumbras,
cristales que se quiebran
en lágrimas de ausencias.

Los miedos
grabados en la frente,
rincones con jazmines,
tal vez una palabra.

En el sur de las certezas
las voces que cantaban,
silencios que hoy no escucho,
vuelven hacia la aurora
con nudos de cenizas
condenas,
desamores
las cuencas de la herida.

Una caricia breve
cabalga por los cuartos,
rostros viejos,
la hondura del olvido
navega por los párpados,
y las dagas del ocaso
exilian
los ojos que se cierran
Definitivamente.

Rincón de la memoria

En algún rincón del pecho
descansan los naufragios,
el silencio de los sauces,
las calles del otoño.

¿Qué color tiene la lluvia
que inunda el Paraíso?
allí donde caminan
vapores de ausencias

El canto es una intriga
entre miedos que se pierden
por abismos de la noche
y huelen el perfume de los hijos distantes.

¿Crece la higuera
a espaldas de la luna?

En qué mapa se pierde
la sonrisa sedienta

o el olvido es un pájaro
en los nidos del tiempo?

Trastabilla y avanza
se transforma en recuerdo

Y solo es recuerdo
lo que ya
se ha olvidado.

Sombras del silencio

Te nombro amor
con el nombre de las furias
que protegen caricias y desvelos,

la intensidad del cuerpo
y los panales
resolados de esta noche,

el himno
que asoma
en el bosque de mis brazos,

De sangre y de tierra
terraplén y valle.

Te nombro amor
en el sitio de la frente
donde el puño reposa sus ríos destemplados.

Perfume de nostalgia

(a mi padre)


Era otoño
el patio se cubría de violetas.

Recuerdo los silencios,
tu voz era un canto de coraje,
el sombrero acariciaba el verde de tu ojos,
que podían mirar mas allá de la luz

Protegiste mi noche destemplada
entre los colores de la lluvia.
Fue en una siesta de infinita travesura
aquel reto poblado de caricias.

Padre
joven aun,
se apropió la muerte de tu hombría,
yo dejaba al niño en la vereda
en un túnel devorado de congoja.

Sin embargo,
Padre,
después sucedió todo,
casi todo,
crecí con el esplendor y con la sombra,
con las luchas, las treguas,
con banderas y diluvios.

Amé,
amé los pájaros y el aire,
amé los árboles y el viento,
no hubo rincones que no haya amado.

Todavía conservo la pasión,
la furia,
las bellas esquinas de la infancia

Debo decirte,
Padre,
las cosas no fueron
tal cual las mostrabas
cuando parían los sueños.

El mundo ha cambiado,
la gente corre
con un rictus de pena y mirada de asombro.

Los niños no juegan,
no patean jardines entre parras ocultas,
ni acarician las uvas en hamacas de arena.

Los ríos y los mares se inundaron de barro,
Vida y muerte
son monedas en ascenso de valores confusos.

Aquí estoy,
Padre,
con el mástil al hombro,
con el puño elevado,
sin las manchas del tiempo,
sin fronteras quebradas.

¡Cuánto duelen los astros!

Padre,
Honré tu memoria
con trabajo
con rosas y vientos en los brazos del alba.

Padre,
conservo los olores de manteca en la cama,
el carbón encendido en las mañanas
los chicos rondando macetas y baldosas.
Padre es tarde, muy tarde,
beben los jilgueros detrás de la ventana
y dejan un sonido de nostalgia.
La paz de este refugio balbucea recuerdos.

Debo decirte,
ya no hay niños en la casa.

Otra imagen transita los licores
y despierta al son de una música nueva,
bailan compases de espera
enhebrando palomas,
glosando colores en las nubes
donde comparto las ráfagas y el vuelo.

Camino las arrugas de la noche,
pero este poema no concluye

Todavía conservo
la carnadura inagotable de tu ausencia.

En el refugio de la noche

Repaso rincones de la casa,
llaves perdidas,

Un sol de mediodía
invade los cuartos
atravesando libros,
fotos de témpera junto a los cuadros
en amarillas paredes
de música y poemas
voces y guitarras
quiebran un ladrido de boyero en la vigilia.

En las máscaras del tiempo,
corbatas que duermen
la noche de seda enamorada.

Aún quedan los párpados,
altas colinas,

¡Cuanto mas¡.

El vitral,
la galería
maderas del pino
donde posa el viejo baúl cargado de recuerdos,

y
el pecho
a mitad del canto,
a contraluz,
para empujar el viento.

Ahora es la eterna ausencia

a Tedy Taratuto


Recuerdo el golpeteo del billar,
el whisky entre los dedos,
la noche prolongada de una mesa vacía...

De esas charlas sin rumbo
se quebraron las voces.

Hoy asoma tu rostro de mirada infinita,
la ironía en los labios,
la penumbra y el duelo.

Te busco por las calles,
allá en la inocencia,
un partido de fútbol
una esquina de sueños.

Con un tango en las huellas
el viaje a París
y la aurora
del perfume en la escala del viento


¡A vos te hablo Tedy!
Agonizan las muecas y las máscaras cantan.

Acá estamos,
con Braulio, Cachito,
las cargadas del Kriko o del Boby,
Pichuco está llorando,

el cacique y el burro interrogan y acuden
a agitar minifaldas en la orilla de un cuento.

Con las hadas prendidas,
la canchita en Lugano, aquel baile en Samoa

Es madrugada, la brisa está desnuda
¿Qué decís?, donde hay un faso?

¿Faltan las chicas?
¿Que pasa?, no están todos?
¿Que no? falta un arquero?

Estés donde estés, con esa estampa,
seguro ganamos.

Como evocar tu nombre sin nombrarme.

Decir que te alejaste para buscar la sombra,
el músculo terso, el color de las algas.

En mis oídos ya no suena
el susurro
la mesura escondida en la escala del tiempo,
pero ahora es eterna la ausencia
cuando el llanto
es la burla de las cosas perdidas.

Esquirlas de tormentas

Hay duendes que caminan las huellas de mis ojos,
poblando de rutina sus penumbras.

Acercan a esta mesa telarañas
de rostros tan amados
que se han vuelto recuerdo,

oscuros de silencios
donde tala la mesura el alba del tiempo.

Arcones y perezas,
las velas de los náufragos,

heridas que manchan el brillo de las manos
y abren terraplenes de estrofas inconclusas,
besos que no he escrito cegados de tormentas.

Lejos
la lluvia
persigue los fantasmas
donde muere la inocencia.

Refriega

1
Se escucha un sonido hueco en la penumbra,
algo incomoda el cuerpo y es gemido,
una mujer descalza el viento y la tarde estremece su aroma distante
Entre tejidos de sombras transcurre el dolor,
aladas y taciturnas melodías murmuran los jarrones que rondan las ojeras,
palpitan hasta romper los cristales sin que yo al borde de la cama
y con los ojos desiertos,
habría de pedirle,
simplemente
que callara


2

Se vistió con apuro como si se tratara de una ráfaga herida,
la cintura ocultó el silencio entre los ecos del jadeo ,
dejó el corpiño en una silla , atropelló la cómoda con el zapato izquierdo,
el vestido era rosa viejo,
sus nalgas palidecían entre una luz muy breve,
el velador observaba junto al ropero , cerca de la puerta.
No tuvo tiempo para un baño,
Refractaba el espejo el placer de aquel momento en el último peldaño de la noche,
Corría, muy velozmente corría alrededor de ese cuarto enamorado de fotos, afiches y nostalgias.
Escapaba tensa y silenciosa, con las grietas, los besos ,
clamores y suspiros
Corría , muy de prisa, corría, corría,
Para quedarse

Duda del insomnio

Temo del encuentro
y los párpados vacíos

Temo
apartar las hojas domingo

Temo que niegues el refugio
del breve nido que nos une

Temo al abismo de los años
acompasando rocíos y silencios.

Temo a los suspiros,
al vértigo,
a las dudas,
a los temores

Almendros de la noche

Los almendros derramados
transitan por el velo
cada instante compartido
donde arrojo el llanto del adiós

Cuando se aquieten
los oráculos del tiempo
será breve la espera.

Caminaré
por las mareas del linaje

hasta las fronteras de tu voz
para escucharte

El cerrojo y un retrato de sombra

En las pantallas del ocaso,
un susurro de
quemazón y lumbre,

en el crepúsculo,
el óleo del retrato en las paredes
donde despiadadamente

penetra
lo oculto de tu sombra
en esta casa.

Eternidad de la ausencia

Te busco
entre las ramazones del aire rojo y sollozante,

por los terraplenes del idilio
y las caricias agotadas en el tiempo.

Te busco amor lejano y subyacente
en el escampe de un cielo azul
morado de azul y sinfonía,
en el encaje aterido de la sombra

y la soledad crecida
por tu ausencia

Un tango indefinido

Vuelve muy hondo
el rumbo moreno
del candombe adoquinado

Un firulete de luces
se pierde en la maraña
de alcobas como patios

Higueras de fuelles
hunden las manos
acariciando mejillas

El baile brota incierto
con tacos en baldosas
que saltan de algún túnel

El Tango bebe lunas
el llanto huele cisnes
es barro,
es perfume
en las hojas del silencio

Suena ritmo y es sonido
el grito apasionado,

la bohemia de la orquesta.
perdura en la memoria.

Se pierde en los caminos

Barrio Abasto

BARRIO ABASTO
de gorriones y gaviotas,
tal vez otro pájaro cantor.


Manos de cielo con sortija,
suburbio de adoquín y fantasía.
Noches de veredas,
casas bajas,
el bar en la curva de un beso.
la plaza y la escuela.
con sus rejas abiertas al sol de la infancia

Más tarde,
sucedieron mundos,
jóvenes banderas,
tiempo plural, intolerancia

Tan lejos y tan cerca
en las verbenas del pasado
fugó el barrio,
un aroma de cemento y de nostalgia,

otro mapa circunda aquel paisaje
que regresa en las nieves de sus niños
trepando telarañas en la siesta,
hilos de empedrado entre las venas,
y los arcos del dolor en las glorietas.

Querido Abasto
galerones de un amor,
la sombra del gorrión frente a la higuera,
tus madres murmurando en las hamacas
el sombrero engominado de algún ángel

y los gajos de la vida
que van y vuelven,
tal vez por el Abasto
como un cuento perdido en la memoria.

Bachilleres 59

Los veo en la nube de aquella mañana
entre el patio y la sala formando fila,
el otoño alejaba la infancia.
Laberinto de signos y de libros,
idiomas y luces donde tejíamos
sueños de acuarelas en torpes estrellas.

Asomaba el futuro
Incierto, rugoso
tal vez en la espuma del humo y la noche,
El tiempo, los caminos
La brújula
de los años que fueron.
Hoy es recuerdo,
epopeya,
a veces olvido de rostros profundos,

tropel de alumnos revoltosos, inquietos,
en un barrilete de hijos y nostalgias,
regresan a las aulas con ventanas del alma

y la vida;…
surco transcurrido entre enigmas y fantasmas
buceando en las huellas que faltan
con nietos, profetas y lunas crecidas
en todas las rayuelas,
en tanta gramilla regada de fuego y rocío.

una novia en los párpados,
el viaje en las sombras de los juegos perdidos.
El Mitre
Nacional Nº 5,
Universo de hojas al amparo de un cuento
narrado en pupitres de tinta y asombro.

Bachilleres 59
Travesuras,
niños de maduras colmenas

Presumimos el final,
era el inicio
la sonrisa y el llanto,
la rosa esfumada
entre manos abiertas al sol de otros vientos,
las espadas,
los dioses
el color y la bruma.

Fueron 50
de gemidos, de ausencias,
esperanzas y gestas

El portón del espejo
en la copa del encuentro

convocan
las cornisas de esta historia
y fugan
con las velas erguidas,

hacia
una madrugada,
de un noviembre cualquiera

quizá… un 2059
felices y lejanos,
plácidos,
serenos.

Vientos de luna del 59

En la noche inagotable
desde un álbum de fotos pudorosas
emergen los rayos inocentes de la infancia.

La sombra inconclusa,
los andamios
el vértigo del fuego en cada rasgo
la luna en los pómulos del alba,

blancas hebras cubren la mirada,
el pasado que regresa vigoroso
en un refugio de historias y de enigmas.

Aulas sin estribos,
impulsos de voces
el músculo del viento en la memoria,

el viaje del reencuentro
la hora de los ángeles,
en las trémulas caricias de silencio.

¿Qué decir del tiempo
la copa de la lluvia,
el canto del abrazo?
un adiós melancólico y sereno.

despedida,
distancia,
peregrinas hojas y las cumbres
donde el tumulto posa sus canciones
las recientes melodías
del futuro y los caminos.

América canta

A la memoria del “gringo” Agustín Tosco
(deliberadamente olvidado)



Volver será en primavera
cuando azoten los sauces
la oscuridad del viento
rebelde y solitario.

La furia del dolor y la esperanza.
el grito de un águila,
las espadas perdidas.

Fue un horror
aquel témpano herido,
el camino en los puños,
el poema,
el canto.

Y los sueños
agitando la lluvia,
una música joven
en los bordes del refugio

Fue poblar de justicia
la miseria y el luto,
las alforjas del suelo con las penas descalzas.

Eran los sesenta de batallas y siglos,
acaso los setenta de humilladas criaturas,
el terror en las nalgas,
las voces crujiendo.

Desde Córdoba el “gringo”
barricadas al hombro,
sublevaba raíces de estruendoso silencio.

Era el “Che” en la selva
con fusiles y sombras,
una huella desnuda a mitad de los hijos.

Cantaba América
con guitarra y torcazas,
entre músculos huecos de la Patria perdida.

Cantaba América
en el cosmos del hambre,
los surcos perdidos en las llagas del tiempo.

Insurrecta la sangre,
juglares de milagros y fetiches,
desde el inca hasta el verbo
con traidores sepultados entre juncos de barro

Cantaba América,
de Bolívar al Che
desde Sandino a Fidel,
por tropicales junglas desafiando al Imperio.

¡Canta América!
Con las tribus del odio
multiplicando montes y diluvios,
en pedregosas llanuras donde la música extiende
libertad y combate.

¡Canta América!
Sin pausa,
de prisa
por la herencia y la raza

por la luna y el cielo,
y los ángeles quietos,
por la vida y el rumbo,
por gigante y por mansa.

Aún canta
Canta,
y canta,
a pesar del olvido,
a pesar de los muertos.

Páramo de antiguo canto



Dedicado al Museo de la Poesía manuscrita
“Juan Crisóstomo Lafinur”
La Carolina- Provincia de San Luis



Los siglos montaron la piedra,
torrente de milenarios cuentos,
mutilaron los pájaros
para surcar las huellas del viento y la furia.

Un paraje de insolencia
habitó su geografía
atravesando lunas, caminos y misterios.

Pudo el milagro acompañar los cerros,
cerca el de “la Virgen,
más allá “Los Mellizos” y la multitud del “Tomolasta”
entre la aridez y la nieve.

Concierto de caranchos,
cobayos,
manantiales desnudos,
un río de transparente amarillo
deshojando las rocas del tiempo.

Bajan por la cuesta un laberinto de sueños,
la bruma de cotidianas estepas
en tinajas del olvido

Aquí donde la Tierra alumbró la Patria
las huestes de vituallas asoma el canto del poeta,
cultor de las proezas,
en la siembra del dolor y sus entrañas.

Voz que aún retumba entre las voces
en las noches del fogón y los paisanos.
.