de gorriones y gaviotas,
tal vez otro pájaro cantor.
Manos de cielo con sortija,
suburbio de adoquín y fantasía.
Noches de veredas,
casas bajas,
el bar en la curva de un beso.
la plaza y la escuela.
con sus rejas abiertas al sol de la infancia
Más tarde,
sucedieron mundos,
jóvenes banderas,
tiempo plural, intolerancia
Tan lejos y tan cerca
en las verbenas del pasado
fugó el barrio,
un aroma de cemento y de nostalgia,
otro mapa circunda aquel paisaje
que regresa en las nieves de sus niños
trepando telarañas en la siesta,
hilos de empedrado entre las venas,
y los arcos del dolor en las glorietas.
Querido Abasto
galerones de un amor,
la sombra del gorrión frente a la higuera,
tus madres murmurando en las hamacas
el sombrero engominado de algún ángel
y los gajos de la vida
que van y vuelven,
tal vez por el Abasto
como un cuento perdido en la memoria.
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