a Mariana
No es ceguera mirar hacia otro lado.
No está distraído quien observa.
El que calla,
omite sin reja ni tertulia,
traidor obsecuente
con máscara y escudo
Un rastro de lluvia en la mirada,
sin luz,
sin viento
Donde hay un grito,
él no escucha
Derrota
mancillada
de tutelas y penumbras.
Los que claudican
no transcurren mi mesa,
no beben el vino del paisaje,
no vuelan con el delirio de los ángeles
ni abren las ventanas de mi cuarto.
Los que claudican
Señor
No los conozco
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